
Patulo nos envía este mito, extraido de Wikipedia.
Gracias Patulo!!!
El mito de la caverna es una explicación alegórica, realizada por Platón en
el VII libro de La República, de la situación en que se encuentra el ser
humano respecto del conocimiento. Así Platón explica su teoría de la
existencia de dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los
sentidos) y el mundo de las ideas (solo alcanzable mediante la razón).
Platón describió en su mito de la caverna una gruta cavernosa, en la cual
permanecen desde el nacimiento unos hombres hechos prisioneros por cadenas
que les sujetan el cuello y las piernas, de forma que únicamente pueden
mirar hacia la pared del fondo de la caverna y no pueden escapar. Justo
detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por
orden de lejanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la
cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan
hombres cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan
en la pared que los prisioneros pueden ver.
En este mito, el ser humano sería identificado con los prisioneros. Las
sombras de los hombres y de las cosas que se proyectan, son las apariencias,
es decir, lo que captamos a través de los sentidos y pensamos que es real
(mundo sensible). Las cosas naturales, el mundo que está fuera de la caverna
y que los prisioneros no ven, sería el mundo de las ideas, en el cual, la
máxima idea, la Idea del Bien , es el sol. Uno de los prisioneros logra
liberarse de sus ataduras y consigue salir de la caverna conociendo así el
mundo real. Es este prisionero ya liberado el que deberá guiar a los demás
hacia el mundo real, es el símbolo del filósofo.
La situación en la que se encuentran los prisioneros de la caverna viene a
representar el estado en el que permanecen los seres humanos ajenos al
conocimiento, únicamente aquellos capaces de superar el dolor que supondría
liberarse de las cadenas, volver a mover sus entumecidos músculos podrán
contemplar el mundo de las ideas con sus infrautilizados ojos.
Este tipo de alegoría, en la que pone de manifiesto como los humanos podemos
engañarnos a nosotros mismos o forzados por poderes fácticos, es repetida
durante la historia por muchos filósofos u otros autores, como Calderón de
la Barca con La vida es sueño. Ejemplos más modernos pueden ser el libro Un
mundo feliz (Huxley, 1932) o la película Matrix (especialmente la primera).
Podríamos afirmar que en el extraño y bello mito de la caverna se concentra
lo más profundo de todo su pensamiento. El mito, haciendo uso de imágenes
dotadas de una gran fuerza descriptiva, muestra pluralidad de aspectos de su
pensamiento: la visión de la naturaleza humana, la teoría de las ideas, el
doloroso proceso mediante el cual los humanos llegamos al conocimiento, etc.
El mito, lleno de sublimes metáforas y abierto a pluralidad de
interpretaciones, es fuente permanente de inspiración para los artistas y
para los pensadores en general.
En el mito, Platón relata la existencia de unos hombres cautivos desde su
nacimiento en el interior de una oscura caverna. Prisioneros de las sombras
oscuras propias de los habitáculos subterráneos; además, atados de piernas y
cuello, de manera que tienen que mirar siempre adelante debido a las cadenas
sin poder nunca girar la cabeza. La luz que ilumina el antro emana de un
fuego encendido detrás de ellos, elevado y distante.
Llegados aquí, Platón, por boca de Sócrates, nos dice que imaginemos entre
el fuego y los encadenados un camino elevado a lo largo del cual se ha
construido un muro, por este camino pasan unos hombres que llevan todo tipo
de figuras que los sobrepasan, unas con forma humana y otras con forma de
animal; estos caminantes que transportan estatuas a veces hablan y a veces
callan. Los cautivos, con las cabezas inmóviles, no han visto nada más que
las sombras proyectadas por el fuego al fondo de la caverna -como una
pantalla de cine en la cual transitan sombras chinas- y llegan a creer,
faltos de una educación diferente, que aquello que ven no son sombras, sino
objetos reales, la misma realidad.
En éstas, Glaucón, el interlocutor de Sócrates, afirma que está
absolutamente convencido que los encadenados no pueden considerar otra cosa
verdadera que las sombras de los objetos. Debido a la obnubilación de los
sentidos y la ofuscación mental se hallan condenados en tomar por verdaderas
todas y cada una de las cosas falsas. Una vez Sócrates ha comprobado que
Glaucón ha comprendido la situación, le explica que si uno de estos cautivos
fuese liberado y saliese al mundo exterior tendría graves dificultades en
adaptarse a la luz deslumbradora del sol; de entrada, por no quedar cegado,
buscaría las sombras y las cosas reflejadas a el agua; más adelante y de
manera gradual se acostumbraría a mirar los objetos mismos y, finalmente,
descubriría toda la belleza del cosmos. Asombrado, se daría cuenta de que
puede contemplar con nitidez las cosas, apreciarlas con toda la riqueza
polícroma y en el esplendor de sus figuras.
No acaba aquí el mito, sino que Sócrates hace entrar de nuevo el prisionero
al interior de la caverna para que dé la buena noticia a aquella gente
prisionera de la oscuridad y esclavizada, haciéndoles partícipes del gran
descubrimiento que acaba de hacer, a la vez que debe procurar convencerles
de que viven en un engaño, en la más abrumadora falsedad. Infructuoso
intento, aquellos pobres enajenados desde la infancia le toman por un loco y
se ríen de él. Incluso, afirma Sócrates, que si alguien intentase desatarlos
y hacerlos subir por la empinada ascensión hacia la entrada de la caverna,
si pudiesen prenderlo con sus propias manos y matarlo, le matarían; así son
los prisioneros: ignorantes, incultos y violentos.





